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ARTÍCULOS

EL TIEMPO Y LA AUTOESTIMA
Aquí y ahora, claves para enfocarte en el presente

El tiempo siempre fue una preocupación en el camino de la humanidad y se han tejido muchas hipótesis acerca de él, en realidad lo que nos interesa es cómo vivimos el tiempo y qué uso hacemos de él.
En general la representación del tiempo en nuestra mente suele ser lineal, por ejemplo si preguntamos a alguien dónde ubica el futuro es altamente probable que haga un gesto indicando que está por delante y si se le pregunta por el pasado dirá que está por detrás y además señala el presente en el lugar donde está parada, también hay que agregar que uno puede encontrarse observando esta línea del tiempo o sea fuera de ella o por el contrario dentro de ella. Si tuviéramos que definir de forma escueta el tiempo podríamos decir que es la simple sucesión de eventos, el devenir de las cosas. Pero este devenir de hechos se graba en la forma de experiencia en nuestra mente vinculando todos nuestros sentidos, nuestras emociones, y pensamientos anteriores que hacen que esa experiencia sea única y personal. Por lo tanto podemos concluir que el tiempo en nuestra mente se inscribe como información y por suerte la información puede ser modificada.
A los seres humanos nos han educado para necesitar de las certezas, no para enfrentar un mundo tan cambiante y esas “certezas” que buscamos y a veces encontramos o creemos encontrar funcionan como datos estables que nos permiten poner puntos de referencia en la vida y en lo que consideramos realidad. Esto nos indica que nuestra mente tiene una tendencia conservadora acerca del tiempo y de la realidad, por eso quizá el pasado suele ser algo a lo que nos aferramos porque es algo conocido (aunque duela y lastime) y que no cambia, esto es válido si una persona suele orientarse al pasado como modo de escapar a la incertidumbre del futuro y al dolor del presente, el cerebro siempre opta por lo que le es más conveniente y conocido dentro de la información que posee. De aquí que la frase “más vale malo conocido que bueno por conocer” sea la representación más exacta de esta tendencia a considerar el pasado como seguro frente a un futuro incierto.
Una persona orientada al pasado probablemente añorará y renegará de su presente y sentirá nostalgia y percibirá su futuro como amenazante, también es probable que sienta culpa respecto a hechos del pasado (la culpa es una característica de las personas orientadas al pasado). También podemos pensar que las experiencias traumáticas nos fijan al pasado de manera automática ya que marcan una experiencia que funciona como un aprendizaje marcado a fuego en nuestra mente y que ya escapa a nuestro control consciente.
El pasado no es bueno ni malo, lo que va a tener consecuencias indeseadas para uno es la forma en que se maneja ese pasado: se va saludablemente hacia él utilizándolo como la fuente de información más valiosa que tenemos? Nos internamos en el pasado para buscar recursos para solucionar situaciones presentes? O nos ahogamos en él con pena y dolor por las situaciones no resueltas o por los errores cometidos o por las cosas perdidas? La decisión depende de uno.
El pasado es solo información en nuestra mente, y esa información no sería conveniente que sea eliminada, pero lo que si sería adecuado es modificar la vivencia de esa información y resignificarla, es aquí donde aparece la psicoterapia como la herramienta adecuada para despertar recursos y utilizar la información de modo provechoso.
En las antípodas del pasado se encuentra el futuro, con todos los interrogantes que somos capaces de hacer.
El futuro, como el pasado también es información en nuestra mente y lo definimos y evaluamos de la única manera posible: con los parámetros de nuestra experiencia o sea con el pasado, solo podemos pensar, evaluar y actuar de acuerdo al uso que hagamos de la información conocida o sea almacenada en nuestro inconsciente y el futuro no escapa a esto.
El futuro será amenazante si ponemos en él todos nuestros miedos, será tranquilizador si depositamos en él todas nuestras esperanzas. Naturalmente somos seres arrojados al futuro con herramientas guardadas en nuestro pasado y con el presente como único momento de decisión y acción.
Una característica de la persona orientada hacia el futuro es la ansiedad y el pensamiento visual (imagina, ve escenarios, crea panoramas), esta ansiedad puede transformarse en miedo y hasta pánico. Podemos definir la ansiedad como una emoción adaptativa cuya función filogenética ha sido proteger a la especie de peligros. Es una señal de alarma y la ansiedad se transforma en un problema cuando es exagerada, intensa, desmedida en relación a la amenaza o peligro objetivo que la desencadena o bien la alarma es una falsa alarma o la alarma es el problema en sí mismo. Nuevamente, la ansiedad no es mala ni buena, es adecuada o inadecuada según el uso que le de nuestra mente.
El futuro es la dimensión temporal que nos permite planificar nuestra vida, la concreción de este plan dependerá de las acciones que emprendamos en nuestro presente con las herramientas que traemos de nuestro pasado. Siempre se busca reducir la incertidumbre que plantea la vida y es por esto que nuestros proyectos apuntan a generar estabilidad y felicidad, para esto debemos ampliar esa zona de “supuesta certeza” para calmarnos frente a los posibles peligros futuros. Es importante destacar que si nosotros pensamos que el futuro es peligroso es porque creemos que no contamos con los recursos necesarios para enfrentarlo, esto es decisivo frente a cómo se vivencia ese futuro, si nuestra capacidad de acción se ve limitada por nuestras creencias acerca de nosotros mismos y de lo que podemos y no podemos, entonces el futuro será amenazante, incontrolable e inquietante. Podemos decir que la persona en este tipo de posición frente al futuro se ve a sí mismo como vulnerable, el mundo es percibido como amenazante y el futuro como impredecible e incontrolable.
Otro aspecto importante es la frustración de esa planificación del futuro cuando los planes no salieron como se deseaban, una forma de encarar esto es pensar en que no existen los fracasos sino solo los resultados y los resultados son información que nos permiten, a modo de brújula, tener puntos de referencia respecto al objetivo que nos hemos propuesto. En esta línea de pensamiento podemos pensar en que primero se Planifica, luego se Implementa, se Verifica el resultado obtenido y luego se realizan la Acciones para corregir el desvío respecto de la planificación original, este pequeño esquema no contempla la frustración como aspecto negativo sino como señal de alarma para ponernos en acción y corregir y hacer nuestras conductas más efectivas.
Como modalidad de salir tanto de la trampa del futuro como del pasado tenemos la orientación hacia el presente o el aquí y ahora, que es el único momento y lugar en que tenemos el poder sobre nuestra vida, si definimos presente como el momento en que ocurre o se existe actualmente, entonces no hay otro espacio para existir que no sea el presente y si se existe, se existe haciendo conductas (tanto internas como externas). Una característica de nuestra vida es que enfrentamos el devenir y el futuro con recursos y herramientas adquiridas en el pasado y esto nos hace pensar que enfrentamos el futuro con herramientas e información desactualizadas, esto genera ansiedad y es aquí donde entra en juego la creatividad para suplir esa falta de actualización y poder recrear nuestros recursos personales para enfrentar y sorprender al futuro mismo con algo tan novedoso como él. La creatividad se asocia con la resiliencia o sea con esa capacidad de enfrentar creativamente la adversidad.
Una forma de pensar la problemática humana es desde capacidad de enfocar la atención, según investigaciones recientes si algo no está en el foco de nuestra atención no existe y esto nos lleva a pensar en todas las veces que nos distraemos del presente pensando en problemas pasados o usándolo como un cómodo sofá o bien nos proyectamos en un futuro problemático o demasiado venturoso y nos olvidamos de construirlo en el aquí y ahora. Para el manejo de la atención nos encontramos con dos herramientas muy efectivas, una es la Hipnosis Ericksoniana y otra el Mindfulness o “atención plena”, una disciplina derivada de la meditación zen aplicada a la psicoterapia. Ambas técnicas llevan a reeducar la atención orientándola al aquí y ahora, una lo hace mediante técnicas conversacionales para que el paciente espontáneamente oriente su atención de manera más eficaz y saludable y la otra mediante un entrenamiento de la consciencia a base de ejercicios de meditación. Podemos decir que hay 2 componentes importantes en la práctica del aquí y ahora: uno es la concentración (sostener la atención durante un tiempo determinado sobre algo) y la comprensión profunda (contemplar con profundidad y sensibilidad lo que ocurre dejando de lado todos los prejuicios, intereses y motivaciones para contemplar con mente libre el fenómeno presente). Una técnica útil es examinar el presente teniendo consciencia de que el aquí y ahora es el resultado de nuestras acciones pasadas y que para conocer nuestro futuro tenemos que percibir nuestro presente que es la causa de él: qué he hecho para llegar a estar como estoy? Qué debo hacer para estar como deseo estar?
También es bueno empezar a entrenarse en un cambio de consciencia respecto a qué nos preguntamos a la hora de enfrentar el presente y construir nuestro futuro, solemos preguntarnos el por qué y nos quedamos allí cuando en realidad debemos preguntarnos algo más y esa pregunta es “¿cómo hago para cambiar el estado de las cosas? Aquí, en este punto es donde el uso de la creatividad es crucial para crear nuevos recursos a partir de la resignificación y combinación de los viejos recursos.
A la hora de hablar del presente debemos tener en cuenta otra acepción del término y es que la palabra presente significa también regalo o cosa que se da voluntariamente en señal de agradecimiento o afecto. Esto nos lleva a la hermosa conclusión de que nuestra vida y el aquí y ahora son un hermoso regalo que debemos cuidar, desarrollar y amar.

 
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